.
..Pero la correspondencia continúa en el mismo tono amoroso. Un día le habla de Bost, de quien dice que le ha dejado después de volver de Nueva York, pero que continúan siendo grandes amigos. En la misma carta le vuelve a escribir sobre Sartre esta vez de una manera más explícita: “Por ti yo podría renunciar a mucho más que a un hombre joven y encantador, podría renunciar a la mayoría de las cosas; en cambio, yo no sería la Simone que te gusta si pudiera renunciar a mi vida con Sartre, sería una criatura sucia, una traidora, una egoísta. Esto quiero que lo sepas, sea lo que sea lo que decidas para el futuro: no es por falta de amor por lo que no puedo vivir contigo”. Tras decirle que las separaciones son mucho más duras para ella, continúa: “Lo que también debes saber, por pretencioso que pueda parecer por mi parte, es hasta qué punto Sartre me necesita. Exteriormente está muy aislado, interiormente muy atormentado, muy desorientado, y yo soy su única amiga verdadera, la única que le comprende totalmente, que le ayuda, que trabaja con él, que le aporta paz y equilibrio. Desde hace casi veinte años él lo ha hecho todo por mí, me ha ayudado a vivir, a encontrarme a mí misma, ha sacrificado por mí montones de cosas. Ahora, desde hace cuatro o cinco años, es el momento en que yo estoy en condiciones de devolverle lo que él ha hecho por mí, de ayudarle a él, cuando tanto me ha ayudado él a mí. Jamás podré abandonarle”. Le explica que podrá dejarle temporadas más o menos largas, pero que no puede comprometer su vida entera con otra persona. Lo suaviza diciendo que si le pierde, si pierde su amor, será para ella como morir.
..¿Creía Simone realmente que Sartre había hecho tanto por ella o era consciente de su autoengaño? ¿O era la manera de justificar ante el que llamaba el amor de su vida -y ante sí misma- el no dar el paso de dejar todo por él? “Todo” no era sólo Sartre, era París, sus numerosas amistades, su trabajo, el ser quien era en Francia, la existencialista famosa, la escritora, la eterna compañera de Jean-Paul Sartre. Y la ciudad que tanto ama, para ella, el centro del mundo.
..Simone tiene miedo de perder a Algren, la mayor pasión de su vida, y de nuevo ante un cambio de planes por parte de Sartre (requerido por Vannetti, deja colgada a Simone, que había vuelto por él de América) envía un telegrama a Algren, preguntándole si puede volver a Chicago. La respuesta de él le heló la sangre: “No, demasiado trabajo”.
..Un tiempo después Nelson le escribe diciéndole que se encuentra muy solo, que ella tiene a Sartre y su intensa vida social en París, pero que él está cansado de estar siempre solo. No creía ser capaz de amar a nadie como a ella, pero “los abrazos no son cálidos si están al otro lado del océano”. Le dice que espera encontrar a una mujer y casarse con ella. Ella le contesta comprensiva, pero también le replica: “¿Cómo creer que mis abrazos te parecen fríos cuando mi corazón arde? Pero la verdad es que sí, que los abrazos lejanos son fríos”. Y, lúcida, concluye: “He perdido la arrogancia de la felicidad”.
..En la primavera de 1949 Algren fue por fin a a París. Simone estaba radiante. Quería presentarlo a todos sus amigos, enseñárselo todo. Un poco antes se había publicado El segundo sexo, que supuso un escándalo en toda regla. Beauvoir había dejado de frecuentar los cafés que tanto le gustaban porque se sentía observada, perseguida incluso. Con Nelson nada le importaba. Unos meses antes ella había dejado la costumbre de vivir en hoteles que tenía todo el clan y había comprado un pequeño apartamento en la rue de la Bûcherie, una pequeña calle del barrio latino, entonces frecuentada por árabes. Allí fue feliz con su amor americano. Luego viajaron por Italia, Argelia, Túnez, Marruecos. Antes de partir Nelson le dijo: “Nunca había sido tan feliz, nunca había amado tanto”. Para que su felicidad fuera total, en una escala del vuelo hacia Estados Unidos se enteró de que le habían dado el premio Pulitzer por su libro El hombre del brazo de oro.
..Simone prepara cuidadosamente el siguiente encuentro. Habían decidido pasar juntos el siguiente otoño, en una casa que Algren pensaba alquilar junto al lago Michigan. Pero en enero ella le escribe, de nuevo para amoldarse a los planes de Sartre, pidiéndole si podía ir antes. En Túnez él le había dicho que quería que volviera a Wabansia -la calle del barrio polaco donde él vivía en una casa muy pobre que no tenía ni baño ni frigorífico pero donde Simone había sido tan feliz- “pero no muy pronto”. La carta es muy expresiva: “Nelson, ahora debo abordar una cuestión que me da vueltas en a cabeza desde hace días, dudando de si te molestaría, temiendo tu respuesta que puede o no asegurar mi felicidad...la cuestión es que Sartre se ve obligado a irse tres meses este verano, no más tarde de junio. Él me ruega, muy insistentemente, que me vaya al mismo tiempo que él y no esperar a su vuelta; una separación tan larga no sería amistosa. Cierto, él no tiene ningún derecho de pedirte nada, pero comprende mi situación: puesto que he decidido no romper, ni siquiera en nombre del amor, la larga amistad que me liga a él, sería estúpido y desconsiderado no actuar como una verdadera amiga. Hasta ahora tú y yo habíamos decidido estar juntos sin contar con él, pero es la primera vez que expresa un deseo al respecto. Créeme Nelson, si te digo que es importante para él, hasta el punto de serlo también para mí”. Y termina con un ruego: “Por favor Nelson, no rehúses si lo puedes evitar. Y en todo caso no te enfades. Recuerda nuestro amor, acuérdate de mí”.
..Nelson aceptó, pero no es difícil imaginar sus sentimientos. La estatura de Sartre era mínima, pero su sombra parecía ser muy alargada.
..Cuando Beauvoir llegó, Nelson la recibió con indiferencia. Le dijo que estaba harto de mujeres, pero que aún así quizá volviese a casarse con su ex mujer, que se lo había propuesto. Le anuncia brutalmente que ha dejado de amarla. Se siente perdida. En la calle hacía un calor espantoso y Simone está triste y sola. Podría haberse vuelto a Francia, pero eso habría sido renunciar a Algren. Piensa que cuando se vayan a la casita junto al lago Michigan las cosas podrán mejorar. Para animarse le escribe a Sartre: “La novedad y el idilio, y la felicidad de mi vida, están con usted, mi pequeño compañero de veinte años”.
.. ¿Por qué una mujer independiente y libre aceptaba tal desprecio? “Estúpida y tonta te amo más que a mi vida”, le había escrito un poco antes. “Me has dado la felicidad y amor, juventud y vida. Para agradecértelo suficientemente tendría que ser feliz, amante, bella, joven y vivir durante diez mil años”.
..Tras un verano espantoso vuelve a París, pensando que no se volverán a ver. Pero al día siguiente le escribe: “No estoy triste, más bien abatida, fuera de mí misma, incapaz de creer verdaderamente que desde ahora estarás lejos, tan lejos, tú que estabas tan próximo”. Y le ruega: “Antes de terminar quiero decirte sólo dos cosas, después no diré nada más, te lo prometo. La primera es mi esperanza de volver a verte un día. Lo deseo, lo necesito. Sin embargo, acuérdate, te lo ruego, que nunca te lo pediré. No por orgullo, que contigo no tengo, lo sabes, sino porque nuestro reencuentro no tendría sentido más que si tú lo deseas. Yo esperaré. Cuando lo desees, dímelo. No pensaré que de nuevo me amas, ni siquiera que quieres acostarte conmigo,no estaremos obligados a estar juntos mucho tiempo, sólo cuando tú tengas ganas. Quiero que sepas que yo lo desearé siempre que me lo pidas.
..“No puedo creer que no nos vayamos a ver más. He perdido tu amor, eso ha sido y es doloroso, pero a ti no quiero perderte. -Y termina: Déjame, como antes, déjame ser, sólo en mi corazón, tu Simone”.
..